sábado, 17 de septiembre de 2011

Cuentos y Filosofía barata: Los tiros y las lanzas

Los tiros

Xavier lo ha perdido todo, menos a él mismo. No tiene la menor idea que se tiene y que es lo único, y peor aún, lo último que tiene, todos se han ido ya, todos y todo, Adiós les dijo, a Dios le dijo: “Tu no comprendes a nadie, no necesito que lo hagas, si hubieras sido hombre, hoy sabrías ser Dios”

 “Dijiste, que pagarías las cuentas, que mantendrías la casa,  y sobretodo que nunca nos harías falta, que cumplirías aquí con nosotros, con tu hijo, conmigo”, replicó muy enérgica e histérica Mercedes, su esposa, que hacen un buen rato lo era, hace aproximadamente dos tiros dejó de serlo. 

“Xavier, por favor, ven a visitarnos siquiera  los fines de semana, aquí, nosotros, tu familia, te extrañamos”. Era la contestadora, recibiendo el último recado de Doña Inés, su madre, dejado el 22 de Setiembre.

“Papito, es cierto que ya no tienes tiempo para nosotros, la nona  dice que aún te quedan días de vida, ¿te vas a morir?, yo no quiero que te mueras, papito, tú me dijiste que iríamos a la cancha a ver a jugar al Sporting, y que iríamos a acampar a Punta Negra, papito, llámame, (se rompe a llorar), yo te quiero mucho”. Era el pequeño Mateo, su hijo, el primero y el último, el único.

“Lo sentimos Xavier, la crisis económica y el cambio del nuevo gobierno nos tiene inestables y la superintendencia nacional y administración tributaria nos han congelado las cuentas, las ventas no son las misma comparadas a los estimados este año, han bajado precipitadamente y los de contabilidad ya no saben de dónde estirar más los fondos, el gerente es una avestruz de oficina, enterrando la cabeza en su escritorio, de verdad lo sentimos, agradecemos tu infinita fidelidad, y ardua labor y entrega, la empresa es lo que es por ti, pero son tiempos difíciles, y tengo la ingrata y abyecta noticia, de decirte que estas despedido, lo siento Xavi, pasa a recoger tu liquidación a recursos humanos, y gracias por todo”. Esas fueron las soberbias y firmes palabras de Germán, el encargado de pasar la planilla y el Hermes de los altos gerentes de la empresa donde trabajaba Xavier.

Otra noche especial, otra noche para un Something Special, Xavier se abalanza sobre el acantilado, mira las luces que van como ráfagas, como luciérnagas aceleradas, en cinco revoluciones, haciendo sonidos estridentes con sus alas, no Xavier, son autos y estas a punto de caer, ¿Lo harás? Prende un Marlboro, luego se echa, llora, grita, gime, brama demente y loco, “Señor, Maldito seas, solo quiero irme, déjame ir ya”, el señor se aproxima. Es blanco, reluciente, lleva un traje verde, no es consumista después de todo, baja de su nave encendida con un solo faro y dos ruedas, y una circulina roja, y un megáfono que revienta en el tímpano de Xavier: “Quédese donde está, las manos detrás de la nuca y boca abajo”. Era la tercera vez que lo detenían por alterar el orden público. 



“Señora, temo que la enfermedad, es irreversible y nada podemos hacer, hemos conseguido pastillas que pueden retrasar unos meses más su deceso, pero no por mucho tiempo, a Mateo le hemos diagnosticado Lupus y el virus está muy desarrollado, lo sentimos”. Fueron las últimas palabras del Doctor Rojas a la madre de Mateo.

Fecha de defunción; Sábado, 18 de Setiembre de 2011, 10:30a.m. Mateo Dazzo Jiménez dejó de existir.
Xavier se ha mudado a un departamento en Los  Olivos, vive de su pensión y duerme en una habitación solemne de una cama, una mesa y un baño. Hace tres años que vive ahí. La Madre de Xavier falleció la primavera pasada hoy se conmemora un año de su partida, Xavier no ha venido, (Ni lo hará).

Xavier ha estado inconsciente por dos días seguidos, el cuerpo lo tiene adolorido y rígido ya no oye con certeza y es vahído constantemente, “el polvo de ángel” que lo llevó al paraíso de ensueño en el cuál se refugiaba, experimenta la más estrepitosa caída contra el pavimento, y más honda y profunda, contra el suelo de su propio infierno. 

Suena el timbre del departamento en los Olivos, es Mercedes, “Xavi soy yo. Ábreme la puerta, necesito verte, por favor, te lo suplico déjame ayudarte, tu también a mi me haces falta”. Hubo un silencio breve, las lágrimas sobre la madera vieja, casi podían oírse en el pasadizo, el pestillo se corrió y la puerta de madero crujió, ahí estaba Xavier, sentado en un rincón sudando frió, sudando de dolor, con el perro en la mano.

Lo abraza, lo besa, lo vuelve abrazar pero esta vez lo levanta, Xavier, se rehúsa, y grita:” ¡Déjame morir  en paz!”, Mercedes lo bofetea. Le reclama, lo injuria, lo maldice, lo repugna, lo denigra,  Xavier se atormenta, se molesta, se enfurece, se exalta, quizás otra vez la bestia despierte, se agacha, recoge un papel, inhala ,(un último tiro) se transforma, el vértigo lo agrede, se violenta, se enaltece, arde, suda, brilla, se enérvese, el deseo de huir está cerca, “el polvo de ángel” le dispara al miocardio, toma la Sig Sauer 9mm, pistola alemana, cruel, tan feroz como un Dovermann rabioso y obediente, coge el gatillo, lo aprieta firme, la afasia fue brutal, que su muerte fue inminente, con un rápido dolor y un mordaz proyectil en la mandíbula…

Ella, yacía en el suelo junto a Xavier, que insólito abrazaba el cadáver exquisito y lozano, de su esposa. 

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