domingo, 6 de noviembre de 2011

Cuentos y Filosofía barata: Los tiros y las lanzas

Las lanzas

“¡Fuera de aquí Joaquín, no te quiero volver a ver en toda mi vida!”, me echó de su cuarto, porque no tenía profesión.

Hacía seis años que vinimos a la Capital, por un futuro mejor, por un futuro dónde nuestro amor no acabara acribillado con balas de AKM en todo el cuerpo.  

Mollendo, 16 de enero de 1982

-Vayámonos a Lima- le dije. “Tengo los pasajes, tomemos dos morrales y huyamos de aquí”. Y así fue. Ambos por infortunio de la vida, habíamos perdido a nuestras familias, cuando tomaron la casa hogar donde vivíamos, y desde entonces, sobrevivíamos de Sendero luminoso, como ratas en la mazmorra del Castillo de Forja.

Pero esa historia fue hace mucho, aunque, ahora,  Joaquín preferiría estar de nuevo en aquella mazmorra con ella, al menos ahí, podía besar sus labios que eran rosas y blandos como la piel de la uva y no fríos y duros como la pared de concreto.   

Se estableció en una habitación de ventanas grandes, de paredes y puertas enormes, de colores opacos, de polillas, de madera húmeda, de polvo, de soledad, de pena, de palabras que hubiese preferido “pegarles un tiro detrás de su lengua, antes de oírlas o de hacer con ellas, el corazón de Maggie, trizas.”  

Lima, 17 de noviembre de 1984

“Pensé que tenías ganas de salir adelante, como yo, ser pintor aquí en Lima, no nos va a llevar a nada, ¿hasta cuándo, Joaquín, hasta cuándo?”  

Maggie, siempre quiso ser abogada, por pura pasión, bueno era algo que lo llevaba en la sangre, reunía todas las cualidades para serlo y postuló a la Villareal, ya va a mitad de carrera, realmente las huelgas a ella, la hacen más fuerte, tanto que se dio cuenta que con un pintor a su lado no la ayudaría a seguir avanzando.  

Dos años pagué el alquiler de la habitación y comimos de los cuadros que hacía, realmente fueron tiempos muy duros, siempre había que pintarlos a oscuras, con velas y lamparines, y escuchar el concierto de coches bombas ocho veces a la semana, y las voz militar, que ordenaba el toque de queda. 

Hasta que un día la gente dejó de comprar los cuadros, por que el pollo, el azúcar, el arroz y los demás abarrotes empezaba a escasearse y con ello, el arte también.  Entonces ella tuvo que conseguir un empleo, recuerdo que no era reconfortante pero al menos ella comería, dormiría y estudiaría bien, como “empleada del hogar”, en la casa de los Madelengoitia, una familia burocrática de la Molina, recuerdo bien que se encariñó con ella, Doña Lidia, y le propuso pagarle los estudios en La católica. Dios, recuerdo su llanto emocionado y su algarabía, su abrazo interminable, diciéndome entre lagrimas y risas, “Joaquín, mi sueño, mi sueño hecho realidad”.

Recuerdo bien, que después de aquella noticia, en su día de descanso, en mi habitación ella dijo, que debería pensar en mi futuro, y que debería a empezar a olvidarme de los cuadros y del arte, que podría enfocar en otras cosas mi ingenio, como en ser Ingeniero civil o Arquitecto.

Como olvidar ese día, estaba tan furioso que me largué de la cólera, y me puse a beber toda la noche en el baño de un Bar, en el centro de Lima, fue tal mi borrachera, que el cantinero me sacó del bar apunta de patadas porque no tenía con qué pagar la cuenta, empezó a llover para mi mala suerte, absolutamente ebrio, vagamente recuerdo que retorné a la barra del cantinero y pedí un Agua ardiente, que aventé violentamente por su cara, el tipo cogió una maraca de hierro que dio en mi clavícula que sentí como se me inmovilizaba toda mi anatomía, rápidamente me intervino un policía que me tomó por la espalda y me puso las esposas ajustándolas fuertemente, y me encarceló en la Comisaría del cercado de lima, estuve recluso 3 horas, llamé a un buen amigo, que solía comprar mis cuadros, pagó la fianza, esa herida cerró rápido, la verdadera herida fue la del cantinero del bar, sé que nunca olvidará esa botella de Mezcal que se impactó en su frente.

Pasaron tres días después de tan vergonzoso capitulo en mi vida, pasé esas noches en tres lugares diferentes, en la banca de un parque, en la parroquia de una iglesia y debajo del puente de la avenida Brasil y pensé en que “Dios era un empleado detrás de un mostrador, dispuesto a dar, esperando recibir”. Después de varias horas de caminata, llegué a la casa de los Madelengoitia, mi aspecto era atroz tenía el blue  - jean sucio, y la chamarra asquerosa en polvo, apestaba a calcetín de futbolista y el aliento a mezclilla.




Pero ahí estaba parado frente a ella, me hizo pasar por la puerta falsa y me subió a su habitación por la escalera de emergencia que daba a la ventana de su baño personal. Maggie, me abrazó fuerte a pesar de mi estado y condición, dijo que todo estaría bien, que había hablado con Doña Lidia y le dijo que podría trabajar en su imprenta como diseñador gráfico, y que podía ayudarme con la carrera de ingeniería en la UNI. Recuerdo su mirada tenue y su sonrisa desencajada, estaba acongojada, mientras me decía: “Joaquín, amor, hazlo por lo mí, por ti, por el futuro de los dos.”

A lo que respondí: “Maggie, lo lamento yo soy acuarelista, soy pintor, yo no nací para edificar o calcular, perdóname, yo no puedo ser eso que tú quieres que sea”, luego de eso, su mirada se tornó un odio visceral, era cruda, era furibunda, era abyecta, que pronto,  una tajante bofetada se empotró contra mi rostro, sentí como las cálidas manos que acaricie y besé en noches como esta, me eran indiferentes y me dejaban un ardor rojo en la mejilla izquierda, di media vuelta y me fui por donde me vine, mientras Maggie, refunfuñaba y gritaba de cólera, estallando alaridos, estrellando los cuadros que le obsequié y exigiéndome que no vuelva a verla nunca más en su vida.

Ya han pasado 4 años desde que estoy aquí y no quiero salir, ya no paso frío por la noches, ya tengo donde dormir, puedo pintar los cuadros que mi pasión quiera y soy feliz, mi cuarto da a un jardín de azucenas y alelíes, y aunque a pesar de todo me acuerdo de ella, para no olvidarla, dibuje su rostro en la pared, solamente suelo morir los domingos, y los lunes cuando prendo mi pipa con hierba por la mañana, ya me siento…"bien”

sábado, 17 de septiembre de 2011

Cuentos y Filosofía barata: Los tiros y las lanzas

Los tiros

Xavier lo ha perdido todo, menos a él mismo. No tiene la menor idea que se tiene y que es lo único, y peor aún, lo último que tiene, todos se han ido ya, todos y todo, Adiós les dijo, a Dios le dijo: “Tu no comprendes a nadie, no necesito que lo hagas, si hubieras sido hombre, hoy sabrías ser Dios”

 “Dijiste, que pagarías las cuentas, que mantendrías la casa,  y sobretodo que nunca nos harías falta, que cumplirías aquí con nosotros, con tu hijo, conmigo”, replicó muy enérgica e histérica Mercedes, su esposa, que hacen un buen rato lo era, hace aproximadamente dos tiros dejó de serlo. 

“Xavier, por favor, ven a visitarnos siquiera  los fines de semana, aquí, nosotros, tu familia, te extrañamos”. Era la contestadora, recibiendo el último recado de Doña Inés, su madre, dejado el 22 de Setiembre.

“Papito, es cierto que ya no tienes tiempo para nosotros, la nona  dice que aún te quedan días de vida, ¿te vas a morir?, yo no quiero que te mueras, papito, tú me dijiste que iríamos a la cancha a ver a jugar al Sporting, y que iríamos a acampar a Punta Negra, papito, llámame, (se rompe a llorar), yo te quiero mucho”. Era el pequeño Mateo, su hijo, el primero y el último, el único.

“Lo sentimos Xavier, la crisis económica y el cambio del nuevo gobierno nos tiene inestables y la superintendencia nacional y administración tributaria nos han congelado las cuentas, las ventas no son las misma comparadas a los estimados este año, han bajado precipitadamente y los de contabilidad ya no saben de dónde estirar más los fondos, el gerente es una avestruz de oficina, enterrando la cabeza en su escritorio, de verdad lo sentimos, agradecemos tu infinita fidelidad, y ardua labor y entrega, la empresa es lo que es por ti, pero son tiempos difíciles, y tengo la ingrata y abyecta noticia, de decirte que estas despedido, lo siento Xavi, pasa a recoger tu liquidación a recursos humanos, y gracias por todo”. Esas fueron las soberbias y firmes palabras de Germán, el encargado de pasar la planilla y el Hermes de los altos gerentes de la empresa donde trabajaba Xavier.

Otra noche especial, otra noche para un Something Special, Xavier se abalanza sobre el acantilado, mira las luces que van como ráfagas, como luciérnagas aceleradas, en cinco revoluciones, haciendo sonidos estridentes con sus alas, no Xavier, son autos y estas a punto de caer, ¿Lo harás? Prende un Marlboro, luego se echa, llora, grita, gime, brama demente y loco, “Señor, Maldito seas, solo quiero irme, déjame ir ya”, el señor se aproxima. Es blanco, reluciente, lleva un traje verde, no es consumista después de todo, baja de su nave encendida con un solo faro y dos ruedas, y una circulina roja, y un megáfono que revienta en el tímpano de Xavier: “Quédese donde está, las manos detrás de la nuca y boca abajo”. Era la tercera vez que lo detenían por alterar el orden público. 



“Señora, temo que la enfermedad, es irreversible y nada podemos hacer, hemos conseguido pastillas que pueden retrasar unos meses más su deceso, pero no por mucho tiempo, a Mateo le hemos diagnosticado Lupus y el virus está muy desarrollado, lo sentimos”. Fueron las últimas palabras del Doctor Rojas a la madre de Mateo.

Fecha de defunción; Sábado, 18 de Setiembre de 2011, 10:30a.m. Mateo Dazzo Jiménez dejó de existir.
Xavier se ha mudado a un departamento en Los  Olivos, vive de su pensión y duerme en una habitación solemne de una cama, una mesa y un baño. Hace tres años que vive ahí. La Madre de Xavier falleció la primavera pasada hoy se conmemora un año de su partida, Xavier no ha venido, (Ni lo hará).

Xavier ha estado inconsciente por dos días seguidos, el cuerpo lo tiene adolorido y rígido ya no oye con certeza y es vahído constantemente, “el polvo de ángel” que lo llevó al paraíso de ensueño en el cuál se refugiaba, experimenta la más estrepitosa caída contra el pavimento, y más honda y profunda, contra el suelo de su propio infierno. 

Suena el timbre del departamento en los Olivos, es Mercedes, “Xavi soy yo. Ábreme la puerta, necesito verte, por favor, te lo suplico déjame ayudarte, tu también a mi me haces falta”. Hubo un silencio breve, las lágrimas sobre la madera vieja, casi podían oírse en el pasadizo, el pestillo se corrió y la puerta de madero crujió, ahí estaba Xavier, sentado en un rincón sudando frió, sudando de dolor, con el perro en la mano.

Lo abraza, lo besa, lo vuelve abrazar pero esta vez lo levanta, Xavier, se rehúsa, y grita:” ¡Déjame morir  en paz!”, Mercedes lo bofetea. Le reclama, lo injuria, lo maldice, lo repugna, lo denigra,  Xavier se atormenta, se molesta, se enfurece, se exalta, quizás otra vez la bestia despierte, se agacha, recoge un papel, inhala ,(un último tiro) se transforma, el vértigo lo agrede, se violenta, se enaltece, arde, suda, brilla, se enérvese, el deseo de huir está cerca, “el polvo de ángel” le dispara al miocardio, toma la Sig Sauer 9mm, pistola alemana, cruel, tan feroz como un Dovermann rabioso y obediente, coge el gatillo, lo aprieta firme, la afasia fue brutal, que su muerte fue inminente, con un rápido dolor y un mordaz proyectil en la mandíbula…

Ella, yacía en el suelo junto a Xavier, que insólito abrazaba el cadáver exquisito y lozano, de su esposa. 

lunes, 14 de febrero de 2011

Lo mejor de ti

 Se detuvo el tiempo en un momento, cualquiera, el cual no puedo recordar, pero me hizo entender lo que sucede a mí alrededor. Descubrí quien soy en el silencio que fue repentino cuando se detuvo el tiempo, y asimilé rápido la sucesión de hechos que no son muy disímiles a los demás. Todos tenemos problemas, unos más que otros o menos que otros,  pero problemas al final, como los tienes tu, como los tienen ellos, como los tengo, personalmente yo. (Disculpen el egocentrismo).
El principal problema que asimilé durante el no tiempo, (suena cojonudo), es la decadencia de la comunicación entre nosotros, (y digo nosotros, sino por ustedes, y por mi también),  nos comunicamos poco, porque son pocas veces las veces, que decimos lo que sentimos, y nos expresamos tal cuales somos, la comunicación con uno mismo es inexistencial. Sino aprendemos a conocernos a nosotros mismo, seremos entes totalmente desconocidos para la sociedad.
Son pocas veces, las raras veces  que le dices a una persona, te quiero, o más aún te amo, no, no se lo dices, no se lo decimos, nadie lo dice. ¿y por qué no se lo dices?, es que no lo amas, o no lo quieres, porque no es tu “amiga” o porque no es  tu “boyfriend o girlfriend”, llegara quizás un momento en que olvides la última vez que le dijiste a tú mamá o a tú papá, te amo. 
Disculpen las generalidades, pero me incluyo no lo hago, son pocas las veces que he dicho tales palabras, pero estoy decidido a olvidar el no decirlas. Y recordar que debo decirlas más seguido.
El segundo problema que analicé durante el no tiempo, fue la aniquilación de la confianza. Estamos siendo los verdugos, de las verdades o sinceridades, de las credulidades, de las bases para poder dar nuestra lealtad a alguien, y digo con crudeza, aniquilamos, porque es así, sin confianza no hay respeto, sin respeto no hay unión, sin unión tampoco existe comunicación.
El confiar no consiste en solo darle tu fe al conocido, sino también al que puede ostentar a serlo,        (no digo desconocido, porque pueda distorsionarse el mensaje), tenemos miedo de creer, por lo tanto también tenemos miedo de dar, y por consiguiente miedo de no recibir. (Lo mismo).



¿Podrías dar un perfume Dior y esperar recibir una bufanda de lana?, ¿Podrías ir a un lugar donde no conoces, dejarlo todo, solo por ir?, ¿Si yo pudiera, tu lo harías?
El último problema al finalizar la meditación, fue que esta extinguiéndose el amor.  Si es cierto, es una especie en peligro de extinción, está en cautiverio, pero en lo más hondo y hosco de nuestro corazón, que es depredado vorazmente por la carencia de las dos realidades ya mencionadas: Comunicación y confianza, no tengo la certeza que sin una de esas dos exista amor, pero tengo la ligera creencia que se extinguirá sin ellas.
Despierto, un vago trémulo de luz se asoma entre mis parpados, ha amanecido y conmigo también otro ideal, estoy vivo, o trato de sobrevivir por el momento, mientras aun siga intentando con una terquedad fatal, dar lo mejor de mí, intentando rescatar lo mejor de ti.

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